Mateo 5.10-12 Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.
¡Cómo se ha recrudecido la persecución contra los cristianos en ésta última década! ¡Cuánto se ha multiplicado la maldad! ¡Cuánto se ha enfriado el amor! Es una clara evidencia de los últimos tiempos.
Sabemos que todo esto era necesario que aconteciera, porque así estaba profetizado, pero no deja de sorprender. Las imágenes que Internet nos ha obligado a ver, de niños crucificados, decenas de personas cruelmente ejecutadas, acribillados a balazos o decapitados. Personas que creen que de ese modo rinden servicio a Dios. Juan 16.2-4.
La justicia es lo que Dios dice que es justo. El mundo tiene su propio concepto de justicia y, si limitamos nuestro comportamiento a las normas del mundo, lejos de ser perseguidos, seremos aplaudidos. En cambio, cuando la justicia que practicamos es cristiana y ponemos por obra las enseñanzas de Cristo, entonces casi seguro que tengamos que afrontar persecución.
La justicia, en este pasaje, no tiene que ver con lo que la sociedad decide que es justo, se refiere a los que es recto, o justo, o bueno; rectitud, integridad, justicia, lo que Dios exige. Es decir, la justicia de la que hablamos en el verso 6.
Vivimos en lo que yo llamo la sociedad de la tolerancia, sin embargo, esta misma sociedad es absolutamente intolerante con cualquiera que no piense como ella. La gente ve a los cristianos como distintos y por esa razón nos rechaza y persigue.
Mientras la iglesia apóstata apuesta por conquistar la amistad del mundo, conformando su mensaje a la ética del mundo, los discípulos de Cristo resultamos molestos, por cuanto nuestro compromiso con Cristo es una abierta acusación a todos aquellos que no le siguen.
Cristo y sus doctrinas deberían ser amadas por todo el mundo. Pero no es así. Cristo fue rechazado y dos mil años después, la gente sigue odiándole por sus doctrinas, porque sus acciones son malas. Juan 7.7.
Así, que, cuanto más nos parezcamos a Jesús, más odiosos seremos para aquellos que le rechazan. De hecho, el mismo Señor nos lo advirtió para que no nos cogiera por sorpresa. Como está escrito: Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo. Mateo 10.22.
Justamente esta verdad es la que muchos predicadores esconden en sus sermones. Predican falsamente que el seguir a Jesús les garantiza respeto, riqueza y bienestar, cuando realmente es al contrario.
El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor. Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Beelzebú, ¿cuánto más a los de su casa? Mateo 10.24-25.
¿Pero la bienaventuranza no promete felicidad? Cierto, así es, pero no aquí, ni ahora, sino al final.
Yo diría que Jesús estaba tratando de desanimar a algunos que pretendían seguirle por motivos erróneos. Jesús jamás escondió la verdad. Si estudiamos la historia de la iglesia del primer y segundo siglo, comprenderemos que aquellos primeros discípulos padecieron persecución, como nosotros la padecemos o padeceremos.
Ésta, como todas las demás bienaventuranzas, esconde una paradoja. Él Señor llama bienaventurados a los que padecen persecución. En aquella época cuando alguien caía en la persecución se le consideraba bajo la maldición de Dios.
Jesús le da la vuelta a ese concepto religioso y enseña justamente lo contrario. Como está escrito: ¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! porque así hacían sus padres con los falsos profetas. Lucas 6.26.
Si te propones ser fiel a Dios cosecharás rechazo, oposición y acabarás siendo perseguido. Como está escrito: Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución; 2Timoteo 3.12.
Aún así, la bienaventuranza es que de ellos es el reino de los cielos. Se trata del mismo galardón de la primera bienaventuranza. La mayor, por cuanto el que recibe el reino alcanza misericordia, es llamado hijo de Dios, y recibe la consolación eterna. La mayor de las felicidades. Por esa razón añade: Gozaos y alegraos , porque vuestro galardón es grande en los cielos.
Siempre, claro está, que la persecución no la padezcamos por ser homicida, ladrón, o malhechor, o por entrometernos en lo ajeno, 1Pedro 4.15, sino como dice el Señor Jesús: Cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.
Cuando eso ocurre es totalmente posible mantener el gozo en medio de la persecución. Porque nuestra conciencia se mantendrá limpia delante de Dios, y entraremos en la bienaventuranza.
Como escribiera Pablo: Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Romanos 8.18.
También Pedro habla de esto al escribir: Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso; obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas. 1Pedro 1.3-9.
Nadie sabe a ciencia cierta qué nos espera en el reino de los cielos, pero una cosa es segura: Nadie será defraudado. El Señor colmará con creces, todas nuestras expectativas de felicidad plena.
Así, pues, debemos meditar sobre estas bienaventuranzas y orar para que nuestra fe no falte en medio de la persecución. Oremos especialmente por nuestros hermanos en la fe, que están siendo masacrados ante la pasividad del mundo entero. Para que la esperanza de alcanzar estas bienaventuranzas los ayude a soportar toda aflicción del tiempo presente.
Bendición
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